
Hacia la Sociedad del Conocimiento
Ha transcurrido más de un siglo desde que A. Graham Bell, G. Marconi y J. L. Baird inventaran el teléfono, la radio y la televisión. Aun gozando de buena salud, los tres sistemas que más contribuyeron a la difusión de la información y la comunicación entre las personas han sido ampliamente superados por los cientos de competencias de la informática, las comunicaciones e Internet. Un trío revolucionario que, como sucedió con sus predecesores, han pasado a ser los protagonistas de la última y mayor transformación sociocultural y económica en la historia de la humanidad.
Vivimos en la era del Conocimiento, una etapa que evoluciona hacia un modelo que va más allá de la digitalización de la información y del alcance mundial de las comunicaciones para poner en valor el cóctel formado por la innovación, los datos y el talento. La sociedad cognitiva promueve la existencia de una colectividad más competente, instruida, y eficaz, en la que los individuos están preparados para tomar decisiones con el conocimiento suficiente para reducir incertidumbres, evitar errores y agilizar tareas.
La base de la Sociedad del Conocimiento son los datos, en combinación con ciertas técnicas que, como la inteligencia artificial, el machine learning, los sensores de IoT, los chatbots o la impresión 3D, se transforman en piezas clave para el surgimiento de las ciudades inteligentes, los coches autónomos, la biotecnología o la telemedicina.
Sin datos, ninguno de los citados fenómenos sería posible porque son la base de su inteligencia. Todo produce, registra y utiliza datos. Nuestro smartphone, nuestro ordenador personal, nuestras búsquedas en Internet, nuestro billete de transporte, nuestra tarjeta de crédito, o nuestro reloj inteligente, generan constantemente datos que, convenientemente analizados, ofrecen una información muy rica a quienes, por diversos motivos, interactúan con nosotros. Esta trazabilidad de perfiles es verdadero oro para empresas, AAPP, que buscan impactarnos con sus mensajes, o acercarnos sus productos o servicios.
Datos y conocimiento, todo un tándem
Analizando e interrelacionando con inteligencia cada dato, el nuevo petróleo del siglo XXI, es posible convertir información, en principio, inconexa en conocimiento tremendamente útil. Llegamos así a la inteligencia cognitiva, que aplica técnicas de inteligencia artificial al análisis de datos para generar respuestas innovadoras en cualquier ámbito, desde el Urbanismo, a la Sanidad, la Educación o el Transporte y la Energía.
Chatbots, que acercan las marcas a sus clientes y que permiten saber más sobre sus preferencias o necesidades; técnicas de inteligencia artificial que aportan claves ignotas al desarrollo del negocio; o tecnologías que, como el blockchain, otorgan transparencia y fiabilidad a las transacciones, trascienden el puro ámbito de la información para escalar una nueva cima y convertirse en una inagotable fuente de conocimiento.
El ámbito de la impresión también aporta su granito de arena al impulso de esta nueva sociedad digital. Con la gestión documental, pieza clave de las estrategias de transformación corporativas, las empresas administran de modo eficiente ingentes cantidades de información, contribuyendo a tomar mejores decisiones.
El futuro ya está aquí
En la Sociedad del Conocimiento hacia la que avanzamos, los procesos se agilizarán, desaparecerán ciertas tareas y surgirán otras realmente innovadoras. Por ejemplo, la enseñanza a distancia está transformando el modo de impartir conocimiento y de aprender; los investigadores podrán intercambiar ingentes volúmenes de datos casi en tiempo real; las compañías de servicios -luz, agua o gas- podrán gestionar mejor sus picos de demanda, y la implantación en las ciudades de sensores permitirá habilitar mecanismos dirigidos a reducir los niveles de contaminación o a gestionar mejor el tráfico, y también a agilizar el trabajo de los servicios de emergencia. Los coches conectados y autónomos circularán gracias a la información recogida por su radar, sus múltiples cámaras de visión 360º y sus sistemas de sensores.
Parece ciencia ficción, pero cada día se avanza un paso más para convertir estos enormes progresos en realidad.